El atman, o alma, es en realidad idéntica al Paramatman,
o Superalma, que es una, infinita y eterna. En realidad el alma está más
allá de los mundos grosero, sutil y mental,
si bien se siente limitada por su identificación con el sharir (sthul
sharir, o cuerpo grosero); el pran
(sukshma sharir, o cuerpo sutil,
que es el vehículo de los apetitos y de las
fuerzas vitales); y el manas (karan sharir,
o cuerpo mental, que es el asiento de la mente). El alma, en su estado trascendental, es una — informe, eterna e
infinita — y, sin embargo, se
identifica con el mundo fenomenológico de las formas que son muchas, finitas y perecederas. Esto es lo que denominamos el maya o Ilusión cósmica.
Fases
del mundo fenomenológico
El mundo de los fenómenos, compuestos por
objetos finitos, es absolutamente ilusorio y falso. Pasa por tres fases: la grosera, la sutil
y la mental. Si bien las tres fases del mundo son falsas, cada una
de ellas representa distintos grados de falsedad. El mundo grosero es el
que está más lejos de la Verdad (Dios), el mundo sutil se encuentra más cerca y el mundo mental es el más próximo a la
Verdad. Los tres estados del mundo son producto de la Ilusión cósmica que el alma ha de superar antes de llegar al
conocimiento de la Verdad.
Finalidad
de la creación
La única finalidad de la creación es que el alma pueda gozar del
estado infinito de la Superalma de forma consciente. Si bien el alma existe
eternamente en y con la Superalma en una unidad indestructible, aquella no
puede tener conciencia de esa unidad independientemente de la creación que está
dentro de los límites del tiempo. En consecuencia, tiene que caminar hacia la
conciencia para poder comprender su verdadera categoría y su naturaleza que es
idéntica a la de la Superalma infinita, que es una sin segundo. Para ello la
evolución de la conciencia y del entorno
(el mundo de las formas).
Génesis
de la Ilusión cósmica
¿Cómo cae el alma individualizada en la
trampa de la Ilusión?
¿Cómo llegó el Alma informe, infinita
y eterna a sentirse con forma, a pensar que es finita y perecedera? ¿Cómo pudo
Purusha o el Espíritu supremo a contemplarse como Prakriti o
mundo de la naturaleza? Dicho de otro modo, cual es la causa de la Ilusión cósmica
en la que el alma se encuentra envuelta? Para comprender cual es la esencia
autentica de la Superalma que es una, indivisible, real e infinita, el alma ha
de recurrir a la percepción. El alma es consciente, pero no percibe a Dios sino
al universo porque lo que ve no es la Superalma sino su sombra. No percibe al ser Uno sino la pluralidad; tampoco ve
lo Infinito sino lo finito, ni lo Eterno sino sólo lo temporal. En consecuencia,
el alma en vez de percibir la Superalma se enreda en la Ilusión cósmica que acaba haciendo que se contemple a si
misma como un ser finito, siendo así que en realidad es infinita. Dicho de otro
modo, cuando el alma despliega su conciencia
no adquiere la conciencia de su naturaleza autentica sino la del mundo de los
fenómenos que no es más que su
propia sombra.
La evolución y los grados de la
percepción
Para
llegar a ser consciente del mundo de los fenómenos, el alma tiene que adoptar
alguna forma como instrumento para percibir el mundo, por lo que tanto el grado
como el género de conciencia empleados
vendrán determinados por la naturaleza de la forma que se emplea como instrumento. En la primera etapa el alma adquiere
conciencia del mundo grosero por un cuerpo grosero, siendo su conciencia del mundo grosero del género más
parcial y rudimentario. Para ello el alma adopta la forma menos desarrollada, la de una piedra.*
* Para la identificación más
temprana del alma con formas gaseosas, ver «God Speaks» de Meher Baba.
La fuerza motriz de la evolución
La fuerza motriz de la evolución viene dada por el impulso que recibe la conciencia al retener las
impresiones (sanskaras) recibidas de los apetitos o condiciones porque los sanskaras cultivados de cierta manera
nos piden que los desarrollemos y les demos
satisfacción acudiendo al instrumento de una forma más elevada y, por
tanto, más desarrollada del mundo grosero. Siguiendo este imperativo, el alma va adoptando formas cada vez mis elevadas
(vg. metal, vegetal, gusano, pez, ave y animal) hasta adoptar finalmente
la forma humana en la que desarrolla la plena conciencia (en lo que se refiere
al saber, sentir y desear) del mundo
grosero.
El
proceso según el cual los sanskaras
provocan la evolución de la conciencia y sus formas correspondientes tiene
paralelo en la experiencia ordinaria. Si se nos antoja desempeñar el papel de
rey en una obra de teatro sólo podremos llevar a la práctica este deseo
poniéndonos las ropas de rey y presentándonos en un escenario. Lo mismo ocurre con los deseos y los apetitos que sólo
podrán ser llevados a la práctica y, por tanto, satisfechos, alterando
una situación completa y el instrumento del que nos valemos para percibir
correctamente esa situación. Este paralelo nos explica muchas cosas acerca de
la fuerza motriz de la evolución que no es
mecánica sino intencional.
Identificación con la forma
Los
sanskaras no solo son los causantes
de la evolución de la forma (el cuerpo) y del genero de conciencia vinculada a ella, sino también de la sujeción de
la conciencia al mundo de los
fenómenos. Ellos son los responsables de la imposibilidad de la
emancipación de la conciencia (es decir, la retirada de la conciencia desde el
mundo de los fenómenos al alma en si misma) en la etapa infrahumana y de su dificultad en la etapa humana. Como la
conciencia se agarra a los sanskaras anteriores y la experiencia
del mundo de los fenómenos está condicionada por el empleo de una forma adecuada (cuerpo) como instrumento, el
resultado es que el alma acaba identificándose en cada una de las etapas con
la forma, por lo que el alma que en realidad es infinita y sin forma, se
contempla a si misma como algo finito y cree que es de piedra, metal, vegetal,
gusano, pez, ave o animal, según sea el grado de desarrollo alcanzado por la conciencia. Por ultimo, cuando experimenta el
mundo grosero a través de la forma humana, el alma cree que es un ser humano.
La
reencarnación y la ley del karma
Una
vez que el alma ha conseguido la plena y completa conciencia bajo la primera
forma humana ya no hay nada que exija una posterior evolución de la forma
grosera (cuerpo). Por consiguiente, la
evolución de las formas llega a su fin cuando se adopta la forma humana.
Ahora bien, para poder experimentar los sanskaras
que cultivó bajo su forma humana el alma se
ve obligada a reencarnarse una y otra vez en otras formas humanas. Las innumerables formas humanas por las que el alma ha de pasar están determinadas
por la ley del karma o la naturaleza
de sus sanskaras anteriores (virtudes
o vicios, felicidad o miseria). Durante todas estas vidas el alma, que es
eterna, se identifica con el cuerpo grosero,
que es perecedero.
El
cuerpo sutil y mental
Al tiempo que desarrolla su plena conciencia del mundo, el alma también despliega simultáneamente
el cuerpo sutil y mental. Sin embargo,
mientras su conciencia se halla restringida al mundo grosero, el alma no
puede utilizar conscientemente esos otros
cuerpos en estado de vigilia. Sólo adquirirá
conciencia de esos cuerpos y de sus mundos correspondientes en el
instante en que su plena conciencia se
vuelva hacia dentro, o sea hacia si misma. Una vez que el alma es
consciente del mundo sutil por medio del cuerpo sutil, se identifica con el
cuerpo sutil, y no bien adquiere conciencia del mundo por medio de su cuerpo
mental que se identifica con ese cuerpo mental, por lo mismo que se identificaba con el cuerpo grosero cuando era consciente del mundo grosero a través del cuerpo
grosero.
El camino espiritual
El
viaje de regreso del alma a su casa consiste en la emancipación de las
ilusiones por las que se identifica con cada uno de los cuerpos grosero, sutil
y mental. En el momento en que la atención del alma se orienta hacia el
conocimiento de si misma y la autorrealización, se produce una liberación y desaparición graduales de los sanskaras que hasta entonces mantuvieron
a la conciencia dirigida hacia el mundo
de los fenómenos. A la desaparición progresiva de los sanskaras acompaña la penetración
progresiva a través del velo de la ilusión
cósmica mientras el alma no sólo comienza a trascender de las distintas
etapas del mundo de los fenómenos, sino que además empieza a darse cuenta de
que es distinta de sus diferentes cuerpos. El camino espiritual se inicia cuando el alma trata de hallarse a si
misma y dirige su plena conciencia
hacia la Verdad (Dios).
En la primera etapa el alma se vuelve totalmente inconsciente de su cuerpo grosero, experimentando
el mundo sutil por medio de su cuerpo sutil con el que se identifica. En la segunda etapa el alma se halla totalmente
inconsciente de sus cuerpos grosero y sutil, experimentando su mundo
mental mediante su cuerpo mental con el que se identifica ahora. Al llegar aquí podemos decir que el alma se
encuentra cara a cara con Dios o la Superalma cuya infinitud acepta. Sin embargo, aunque admite la infinitud de la
Superalma, lo hace de modo objetivo, ya que se considera a si misma finita por su identificación con el cuerpo
mental, o mente.
De esta guisa nos encontramos ante la paradoja de que el alma, que en realidad es infinite, percibe
su estado de infinitud pero sigue considerándose finita porque al percibir su
infinitud se confunde a si misma con la mente. Ello es debido a que se imagina
que es la mente y contempla a la Superalma como objeto de la mente. Por otra
parte, no sólo trata de ser una con la Superalma sino que además trata de satisfacer ese anhelo.
La
meta
En
la tercera etapa la plena conciencia del alma se ve atraída mis hacia el
interior (es decir hacia si misma), con lo
cual deja de identificarse con el cuerpo mental. Así el alma al llegar a
la tercera y ultima etapa, que es la meta, deja de identificarse con ninguno de
los tres cuerpos que tuvo que desarrollar para alcanzar la plena conciencia. En
este momento no sólo sabe que carece de forma y que trasciende de todos los cuerpos y de todos los mundos, sino que además
percibe con plena conciencia su propia unidad con la Superalma, que es una,
indivisible, real e infinita. Al percibir la Verdad siente una alegría, una
paz, un poder y una sabiduría infinitos que son las características de la Superalma.
Resumen
del viaje del alma hacia la Superalma
En un principio, el alma, en la que no se había desarrollado la plena conciencia, no tenia
conciencia de su identidad con la Superalma. Aun siendo inseparable de
la Superalma, el alma era incapaz de percibir
su propia identidad ni experimentar la dicha, la paz, la fuerza y la
sabiduría infinites. Ni siquiera después de la evolución de su plena conciencia
lograba percibir el estado de la Superalma, aun cuando no dejó en ningún
instante de estar en y con la Superalma,
porque su conciencia quedaba restringida al mundo de los fenómenos por
obra de los sanskaras vinculados a la
evolución de la conciencia. Incluso cuando ya ha emprendido el camino, el alma
todavía no tiene conciencia de si misma
porque sólo percibe el mundo grosero, el sutil y el mental que son sus propias sombras ilusorias.
Sin embargo, al llegar al final del camino el alma se libera de
todos sus sanskaras y apetitos
vinculados con el mundo grosero, sutil y mental, al mismo tiempo, que se siente
capaz de liberarse de la ilusión de ser finita, ilusión provocada por su
identificación con el cuerpo grosero, sutil y mental sucesivamente. En este
punto, el alma trasciende por complete del mundo de los fenómenos y consigue
ser consciente de Si misma
autorealizándose. Para llegar a este meta,
es necesario que el alma conserve su plena conciencia y que al mismo
tiempo comprenda que es distinta del sharir
(cuerpo grosero), del pran (cuerpo
sutil, vehículo de los apetitos y de las
fuerzas vitales) y del manas (cuerpo
mental que es la sede de la mente), y que comprenda también que se encuentra mas allá de los mundos
grosero, sutil y mental.
El alma tiene que liberarse progresivamente de su ilusión de ser
finita por medio de su emancipación de la esclavitud
de los sanskaras, y dándose cuenta de
que es distinta de sus tres cuerpos (grosero, sutil y mental). Este es
el proceso que sirve para aniquilar el ego falso (es decir, mi ilusión
de que «Soy mi cuerpo grosero», «Soy mi cuerpo sutil» o «Soy mi cuerpo mental»).
Mientras el alma se libera de todas sus ilusiones, conserva su plena conciencia
que le permite llegar al conocimiento de si misma a la realización de la
Verdad. La meta del largo camino que debe recorrer el alma es la liberación de
la ilusión cósmica y el conocimiento con plena conciencia de su identidad con
la Superalma infinita.
[de Discursos de Meher Baba, pg.
231-37]